lunes, septiembre 30, 2013

Chantaje emocional

Hoy quiero hablar del chantaje emocional, y de esas veces donde lo usamos casi sin darnos cuenta.

Vaya por delante que hay pocas cosas que odie más que el chantaje emocional. Muy pocas. Lo políticos de este país por ejemplo, pero no muchas más. Esa clase de chantaje implica utilizar la culpabilidad en un tercero como medio para obtener un fin, implantando esa culpabilidad o potenciando la ya existente.

La culpa es una poderosa brújula para el comportamiento, una motivación de las más potentes que existen. Sólo el miedo compite con ella a la hora de empujar al ser humano a realizar una acción.

Pero hay dos grandes diferencias entre ambos sentimientos. El primero es que la culpa es algo propio de los humanos, capaces de analizar sus propias acciones y de juzgarlas, mientras que el miedo lo compartimos con el resto de mamíferos, y también con otras familias.
La otra gran diferencia entre ambos es su cualidad: el miedo es constructivo y la culpa destructiva. Voy a detenerme aquí para verlo más en detalle:

El miedo surje del instinto de supervivencia, lo cual le dota de un cierto aspecto constructivo, que no es otro que acometer las acciones necesarias para garantizar la seguridad de poder seguir respirando.

La culpa surje de un juicio y de la asunción de un error como propio unidos a cierta actitud mental vulnerable. Es con esta actitud cuando la suma entre la asunción del error, más la consciencia de que los actos pasados no se pueden cambiar, genera, por un lado tristeza por la visión del error cometido, y por el otro frustración porque ya no se puede hacer nada para enmendar dicho error: no hay solución, ni esperanza.
En la culpa se pueden ocultar también otras cosas tales como la necesidad de autoflagelarse o el autoengaño, pero en general todos sus componentes tiene en común una cosa: son autodestructivos. La culpa es autodestructiva, siempre.

Hago un inciso aquí para señalar que es perfectamente posible asumir un error sin dejar que la culpa se haga con el control. La asunción del error es algo positivo mientras que la culpa no es sino un constructo cuyos pilares son esos sentimientos negativos.

Bien. Llegados a este punto resulta sencillo de entender que no hay mejor manera de doblegar la voluntad de una persona que inundarla de sentimientos de culpabilidad. Alguien experto en manipular de esta manera puede reducir, con tiempo, a alguien a una mera sombra de sí mismo, a una cáscara vacía de todo salvo de tristeza. Con esa actitud no hace falta poner trabas a la persona pues es ella misma la que lo hace, y de una manera mucho más eficaz. La voluntad queda aplastada por el peso del recuerdo de los errores cometidos y ese mismo peso ahoga cualquier atisbo de posible recuperación y de mejora.

La culpa mata. Literalmente.
Hay que apartarla, desterrarla.

Insisto de nuevo, desterrar la culpa no implica desterrar la responsabilidad por los propios errores, sino colocar esa responsabilidad en el rol que le corresponde: el de lección para aprender de ella.
Hay pocas cosas más sanadoras que este ejercicio de replantearse los errores y de ponerlos en un lugar adecuado. Pero sigamos donde estaba.

Volviendo al chantaje emocional, éste forma parte de los numerosos mecanismos de defensa que tenemos en un entorno social. No quiero tanto defenderlo como señalar que hay situaciones, especialmente en discusiones de pareja, donde el chantaje emocional es una herramienta cotidiana a la hora ganar una posición dominante sobre el otro. Es algo lógico pues hay pocas situaciones donde las personas estemos más vulnerables que en una discusión con nuestr@ compañer@ de vida. A esto hay que añadir otro elemento distorsionador: uno puede despertar sentimientos de culpa en el otro sin que haya intención de hacerlo. Y, tanto si el otro se da cuenta (en cuyo caso se enfadará por el intento de manipulación), como si no (en cuyo caso se quedará con la culpa como un peso adicional) el daño estará hecho. En el primer caso la otra persona identificará un intento de chantaje emocional. En el segundo la otra persona se sentirá triste y frustrada.

¿Y qué situaciones pueden dar lugar a este malentendido tan peligroso? Habitualmente las discusiones o conversaciones donde los sentimientos se explican como motivadores de las acciones.

Veamos el siguiente ejemplo: "No lo hice para evitar una discusión contigo".
En esa sentencia se está poniendo al interlocutor como responsable de una acción ajena, de la cual posiblemente no tuviera siquiera conocimiento. Se cumple tanto la condición de mostrar el error ("mi pareja considera que discutimos inutilmente") como la de la incapacidad de solucionarlo.

Vamos con otro: "Como quieras. A partir de ahora me quedaré callad@"
En esta sentencia se violenta al interlocutor presentándole como motivo de una acción represiva contra uno mismo. Se cumple la condición de presentar esto como un error propio, unida al hecho de la impotencia ante un curso de acción ajeno.

Estos dos ejemplos anteriores son frases que, de seguro, todos hemos oído o dicho en algún momento. Y es que no es sencillo tener una conversación con sentimientos involucrados, tanto más cuando muchas veces no se tiene una idea clara de la naturaleza de los mismos. Pero es precisamente en este pantanoso terreno donde es más necesaria la prudencia y la atención al discurso, tanto a lo que se dice como al cómo se dice. De otra manera el peligro de caer en el chantaje emocional será máximo. Y de esa puerta nunca sale nada bueno.

Si el miedo es como un bisturí, el chantaje emocional es una muerte lenta por asfixia.
Ahora, que cada palo aguante su vela.

Un saludo.

No hay comentarios: